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No es un correctivo, es violencia

El caso de una niña de 13 años que debió ser internada en el Hospital de Belén a causa de las lesiones producidas por su madre, pone nuevamente en la superficie del debate público el maltrato en la niñez como drama muchas veces subestimado.

El episodio fue extraordinario por la gravedad de la golpiza que la chica recibió, al punto que tuvo que ser trasladada en ambulancia desde Villa Vil, en el norte del departamento Belén, hasta el hospital de la cabecera departamental. Pero entre los distintos tipos de violencia, la que se perpetra contra niños, niñas y adolescentes es la que, lamentablemente, más naturalizada está. Aún subsiste cierta creencia que le atribuye a la violencia física, verbal o psicológica funciones presuntamente educativas. Castigos que se consideran “correctivos” cuando en realidad lo que consigue es perpetuar la violencia dentro del ámbito familiar.

En el caso de la niña de Belén se presentan situaciones que merecen ser analizadas cuidadosamente y que requieren de medidas concretas para evitar que se reiteren. Hasta el momento en que El Ancasti le dio difusión, la víctima estaba acompañada por una tía pero no había recibido la contención institucional adecuada. Según las fuentes que informaron sobre el dramático episodio, las autoridades de la escuela a donde concurre la niña no habían hecho la denuncia correspondiente ante la Policía o ante la Justicia con el argumento de que la golpiza ocurrió fuera del ámbito escolar. Sí comunicaron el hecho a la cacique de la comunidad de Los Morteritos, a la que pertenecen tanto la víctima como la victimaria.

Los docentes y directivos de la escuela deberían saber que la denuncia de violencia que sufren los alumnos, aunque sea afuera del establecimiento, no es una posibilidad, sino una responsabilidad y una obligación. De hecho, existe un protocolo de actuación muy detallado al respecto.

La autoridad del cacique en estas comunidades es importante, pero no suple el rol de otras instituciones, como las educativas o la Justicia. Son responsabilidades concurrentes que deberían integrarse para la contención de la niña y para evitar hechos similares en el futuro.

Ayer, después de que el hecho fue conocido públicamente, intervino el Poder Judicial. Cuando la niña fue dada de alta, la Justicia determinó que la niña se quede en la casa de la tía, pero en la misma pequeña comunidad de Morteritos.

La naturalización de la violencia contra niños, niñas y adolescentes debe formar parte definitiva del pasado. Toda la violencia es mala y causas múltiples secuelas, pero más grave es aún cuando se comete contra personas en condiciones de vulnerabilidad. El desafío de terminar con el maltrato en la niñez deben asumirlo las personas individualmente, pero también debe haber un compromiso de la sociedad y de sus instituciones para prevenirla, castigarla y erradicarla, además de propiciar la contención de sus víctimas.

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