Naciones Unidas informó la semana pasada que más de 1000 personas murieron en ataques israelíes desde fines de mayo cuando buscaban ayuda alimentaria en puestos de la controvertida Fundación Humanitaria de Gaza (GHF por sus siglas en inglés), la entidad privada establecida con respaldo de Israel y EE.UU. para reemplazar a la red de distribución de la ONU.
Israel lanzó una campaña militar en Gaza en respuesta al ataque transfronterizo de Hamás del 7 de octubre de 2023 que mató unas 1200 personas y en el que otras 251 fueron tomadas como rehenes, según autoridades israelíes. Desde entonces, los ataques israelíes mataron a más de 60.000 personas, incluyendo más de 17.000 niños, e hirieron a más de 145.000, según el Ministerio de Sanidad de Gaza.
A continuación, la conversación de Alex de Waal con BBC Mundo:
Usted ha estudiado hambrunas en muchas partes del mundo. ¿Qué distingue el caso de Gaza?
Llevo más de 40 años estudiando crisis humanitarias y hambrunas. Casi todas las hambrunas modernas son provocadas por el hombre en el contexto de la guerra, y la inanición se utiliza rutinariamente como arma de guerra. Lo que hace a Gaza única en la historia de la hambruna en las últimas décadas es hasta qué punto la hambruna allí ha sido meticulosamente diseñada para infligir privación a nivel individual y trauma social a los palestinos de Gaza. Desde la Segunda Guerra Mundial no ha habido ningún caso de hambruna tan minuciosamente diseñada y controlada. Esta hambruna era evitable. Es totalmente provocada.
¿Podría dar un ejemplo para ilustrar por qué el caso de Gaza es diferente de los anteriores?
Comparemos Gaza con otra crisis de hambruna, también causada por el hombre y que implica el uso de alimentos como arma, donde los niveles de privación y angustia son comparables. Es la situación en la ciudad sudanesa de Darfur y el campamento de desplazados adyacente de Zamzam. Si las partes en conflicto en Sudán acordaran hoy un alto el fuego y el acceso humanitario sin trabas, las agencias humanitarias tardarían semanas, o incluso meses, en implementar toda la ayuda necesaria. En el caso de Gaza, en cambio, hay miles de camiones con ayuda esperando cruzar la frontera hacia Gaza. O están justo al otro lado de la frontera aguardando que les den la documentación necesaria. La comunidad internacional cuenta con los recursos, la habilidad, las redes y los planes para proporcionar una afluencia masiva de asistencia esencial mañana. Lo único que hace falta es que el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, dé la orden y todos los niños de Gaza podrían estar desayunando mañana.
Usted dijo que cada etapa de esta hambruna estaba prevista y en cada fase podían haberse tomado medidas para evitarla. ¿Podría dar ejemplos de esto?
Desde poco después del inicio de la emergencia humanitaria, pocas semanas después de los ataques y atrocidades perpetrados por Hamás el 7 de octubre de 2023, diversas agencias humanitarias, incluido el Sistema Integrado de Clasificación de Fases de la Seguridad Alimentaria (IPC) de la ONU, emitieron advertencias confiables sobre una catástrofe inminente en Gaza. En marzo de 2024, tras una serie de informes particularmente alarmantes, además de ataques a trabajadores humanitarios, Israel cedió a la presión del gobierno estadounidense y permitió el ingreso de más ayuda a la Franja de Gaza. Los resultados fueron inmediatos. En pocas semanas, los niveles de inseguridad alimentaria catastrófica habían disminuido. En agosto de 2024, cuando se identificó la presencia de polio en Gaza, e Israel temía que el virus se propagara e infectara a los israelíes, Israel se asoció con la Organización Mundial de la Salud para garantizar un programa de vacunación que llegó al 95% de los niños de Gaza en cuestión de días. Esto demuestra lo que se puede lograr si Israel lo desea.
El 2 de marzo Israel impuso un bloqueo total, que solo levantó parcialmente más de dos meses después con la puesta en marcha de la llamada Fundación Humanitaria de Gaza (GHF), la entidad privada que usa contratistas de seguridad estadounidenses. ¿Cuál es su opinión sobre el papel de esa entidad? En mayo de este año, tras ocho semanas de asedio total impuesto a Gaza, la ONU pronosticó que las reservas de alimentos se agotarían por completo antes de principios de julio. La hambruna masiva sería inevitable. Israel podría haber respondido facilitando a la ONU la restauración de sus 400 centros de distribución de ayuda en Gaza. En cambio, optó por poner la mayor parte del racionamiento en manos de la Fundación Humanitaria de Gaza.
La GHF ha distribuido cerca de 90 millones de comidas hasta la fecha. Eso es mucho menos de la mitad de lo necesario para proporcionar una ración mínima a la población de Gaza. Solo suministra raciones secas, no proporciona leche de fórmula ni los alimentos especializados necesarios para tratar a los niños desnutridos. No proporciona otros servicios esenciales como agua potable, saneamiento, combustible para cocinar ni refugio. La GHF cuenta con cuatro puestos. Tres de ellos se encuentran en el extremo sur de Gaza, en zonas militares donde las tropas del ejército israelí pueden, y a menudo lo hacen, abrir fuego. Solo los más fuertes pueden ir a recoger raciones, e incluso así, con un riesgo considerable. Los más débiles, los más vulnerables, quienes corren mayor riesgo de morir de hambre, no tienen ninguna posibilidad de llegar allí.
Usted colaboró con Forensic Architecture, el grupo de expertos de la universidad Goldsmith en Londres, en un análisis detallado de las acciones de la Fundación Humanitaria de Gaza y ha dicho que esta entidad es una extensión del ejército israelí. ¿Cómo lo justifica?
Si la GHF fuera genuinamente humanitaria, trabajaría con la población de Gaza para apoyarla y brindarle asistencia de manera acorde con su dignidad, ayudando a familias y comunidades. La hambruna es un fenómeno tanto biológico como social. Es tanto la experiencia del cuerpo consumiéndose como la experiencia colectiva de deshumanización, de desgarrar el tejido social. Cuando se utiliza el hambre como arma de guerra, el propósito más común no es matar de hambre a la gente, sino desgarrar la sociedad que está siendo atacada.
¿Podría explicar en más detalle ese impacto social y colectivo de la hambruna?
Muy a menudo, el elemento social -el trauma, la vergüenza, la pérdida de dignidad, la violación de tabúes, la ruptura de vínculos sociales- es más significativo en la memoria de la experiencia de los supervivientes que la experiencia biológica individual. Todos estos traumas son la razón por la que los irlandeses tardaron casi 150 años en poder conmemorar la hambruna que vivieron en la década de 1840. Quienes infligen una hambruna son conscientes de ello; saben que lo que hacen es, en realidad, desmantelar una sociedad. La campaña militar del ejército israelí, junto con la destrucción de bienes indispensables para la supervivencia de la población civil y el reiterado desplazamiento forzado de comunidades, apunta a una intención que va mucho más allá de derrotar a Hamás. Indica la intención de desmantelar una comunidad política y social funcional en Gaza, o incluso expulsar por completo al pueblo palestino de Gaza. La GHF promueve ese objetivo bélico. De hecho, si se determina que Israel es responsable de genocidio, la GHF será su cómplice.
Usted mencionó que la obligación de Israel de prevenir lo que ocurre ahora se activó hace mucho tiempo mediante el fallo de la Corte Internacional de Justicia de marzo de 2024. ¿Podría aclarar esto?
En la orden provisional del 28 de marzo de 2024, la Corte Internacional de Justicia ordenó a Israel proporcionar asistencia humanitaria inmediata, sin trabas y a gran escala, en plena cooperación con Naciones Unidas. El tribunal decidió que esto era necesario para que Israel cumpliera con su obligación, en virtud de la Convención sobre el Genocidio, de prevenir condiciones de vida destructivas en Gaza equivalentes a las prohibidas por la Convención. El tribunal no dictaminó en esa orden que Israel fuera culpable del delito de genocidio. Lo que dictaminó, repito, fue que Israel debía tomar medidas para prevenir la comisión de ese delito. Y esas medidas no se han tomado.
¿Y cuáles son las obligaciones de países como Estados Unidos, Reino Unido y Alemania, que siguen enviando armas a Israel, o de la Unión Europea, que decidió recientemente no suspender su acuerdo comercial con Israel?
Todos los Estados signatarios de la Convención sobre el Genocidio están sujetos a las instrucciones de la Corte Internacional de Justicia. Están obligados a prevenir el genocidio. Como mínimo, están obligados a no hacer nada que pueda facilitar la comisión de crímenes que puedan constituir genocidio. No pueden esperar a que un tribunal juzgue el delito de genocidio para cumplir con esa obligación de prevención.
Personas en todo el mundo ven imágenes de niños muriendo de hambre en brazos de sus madres. ¿Qué podría persuadir a Israel de permitir una respuesta humanitaria de la ONU a gran escala?
El gobierno de Israel parece confiar en que puede actuar con total impunidad. Hay que persuadirlo de lo contrario. Muchos israelíes parecen estar en una profunda negación del sufrimiento que se está infligiendo a los palestinos de Gaza en su nombre. No quieren mirar. Creo que es de vital importancia que los israelíes, y todos los que los apoyan o se solidarizan con ellos, abran los ojos ante el sufrimiento ajeno. Quienes deshumanizan a otros, se deshumanizan a sí mismos. En reiteradas ocasiones el primer ministro israelí ha negado que haya hambruna y ha culpado a Hamás de robar ayuda.