Con la ciudad colmada de peregrinos que se acercan para honrar a la Morenita del Valle, resurgen historias que mezclan fe, música popular y memoria colectiva. Una de las más queridas es aquella protagonizada por Carlos “La Mona” Jiménez, quien durante una visita a Catamarca en 1998 decidió bajarse del vehículo, tomar una bicicleta y llegar pedaleando hasta la Catedral para saludar a la Virgen.
El recuerdo revive gracias al relato de César, uno de los cuatro jóvenes, junto a Walter, Roque y Oscar, que seguían cada visita del cuartetero a la provincia. En aquellos años, la pasión por La Mona estaba muy presente en sus casas: Walter, por ejemplo, había conocido el cuarteto gracias a su mamá, fanática del cantante. Sin televisor propio, iban a lo de una tía cada vez que él aparecía en algún programa.
En esa visita de 1998, el artista llegó para presentarse en La Casona y los chicos lo esperaban en la puerta del hotel, como tantas otras veces. La Mona ya los reconocía: solía invitarlos a almorzar o compartir un rato juntos. Ese día incluso los llevó a desayunar. En la escena también estaba Gabriel González, un referente barrial que dedicaba su vida a acompañar y orientar a jóvenes en situación vulnerable.
Pero lo que quedó grabado para siempre fue su gesto de devoción: La Mona tomó una bicicleta, llegó pedaleando hasta las afueras de la Catedral y entró a saludar a la Virgencita del Valle.
Hoy, con miles de hermanos peregrinos llegando para la Fiesta de la Virgen, esa imagen vuelve a tomar fuerza: un ídolo popular mezclado con la fe de su gente, un instante que sigue emocionando a quienes lo vivieron y a quienes mantienen viva esta historia.
