martes, 6 de enero de 2026 14:59
La profunda crisis que atraviesa SanCor no responde a una sola causa, pero uno de los factores estructurales que más impactó en su deterioro financiero es la millonaria deuda que mantiene Venezuela por exportaciones de leche en polvo realizadas hace más de una década. Según fuentes cercanas a la cooperativa, aún restan por cobrar alrededor de US$18 millones correspondientes a operaciones con empresas estatales del país caribeño.
El origen del conflicto se remonta a los acuerdos comerciales bilaterales firmados en 2006, durante los gobiernos de Néstor Kirchner y Hugo Chávez, cuando se puso en marcha el Fondo Fiduciario Bilateral entre Argentina y Venezuela. Ese mecanismo permitió intercambiar combustible por productos argentinos y convirtió a SanCor en un proveedor clave de leche en polvo, garantizándole durante años un flujo sostenido de exportaciones y divisas.
Además del esquema oficial, la cooperativa concretó ventas adicionales a compañías controladas por el Estado venezolano, que funcionaron como una salida relevante para el excedente productivo en un contexto de estancamiento del mercado interno. Sin embargo, el quiebre llegó en 2017, cuando Venezuela entró en default y dejó de cumplir con los pagos comprometidos. En su punto máximo, la deuda superó los US$30 millones.
Si bien con el paso del tiempo una parte fue cancelada, el monto pendiente se transformó en un problema crítico para una empresa que ya enfrentaba dificultades productivas, financieras y sindicales. Desde entonces, SanCor realizó gestiones ante distintos gobiernos argentinos en busca de una intervención diplomática que permitiera destrabar el cobro, pero sin resultados concretos.
El escenario internacional terminó de complicar cualquier expectativa de recuperación del crédito. El endurecimiento de las sanciones contra el gobierno de Nicolás Maduro y el aislamiento financiero de Venezuela redujeron al mínimo las posibilidades de cobro, convirtiendo ese activo en un pasivo de muy difícil recuperación.
El impacto de esta deuda se inscribe en un proceso más amplio de deterioro. Fundada en 1938, SanCor fue durante décadas la principal empresa láctea del país. En 1994 procesaba 4,6 millones de litros diarios, pero con el correr de los años su liderazgo se fue diluyendo. Para 2022 había caído al puesto 12 del ranking sectorial y hoy procesa alrededor de 700.000 litros diarios en seis plantas ubicadas en Santa Fe y Córdoba.
A esta situación se sumaron los conflictos sindicales con ATILRA entre 2023 y 2024, que incluyeron bloqueos, atrasos salariales y una caída aún mayor de la actividad. Ese contexto derivó en la presentación del concurso preventivo de acreedores en febrero de 2025, con un pasivo total estimado en torno a los US$250 millones.
En los últimos días, la Justicia designó una coadministradora por un plazo de 60 días como parte del proceso concursal. Mientras tanto, la deuda venezolana permanece como uno de los hitos que marcaron el inicio de la caída de SanCor, transformando un acuerdo internacional que supo ser estratégico en una pesada carga para la histórica cooperativa.
