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El consenso ortodoxo

En un análisis publicado por la revista “Panamá” el 6 de diciembre, el analista político Luciano Chiconi y el senador bonaerense Juan José Amondarain consideran que “las elecciones nacionales de 2023 y 2025 confirmaron un consenso social en favor de un orden ortodoxo para la macroeconomía argentina”. Tal consenso no significa “ la adhesión a una ideología (la derecha, el libertarianismo, el fascismo), ni la expresión masiva de una idolatría a Milei”, sino que es “es la base del nuevo sistema institucional pretendido por la sociedad como respuesta política al fracaso inflacionario del orden 2005-2023”.

Los autores titularon el artículo con el interrogante “¿Es posible una renovación del peronismo?” porque, a su criterio, la sociedad castiga en las urnas a esa fuerza debido a “la mutación de su rol democrático histórico de gobierno”, aunque le reconocen su potencial histórico para transformarse

“Lo que en los ’80, ´90 y 2001-02 se legitimó como un partido proveedor de poder, orden, reformas y gobernabilidad, en los últimos veinte años se transformó en un partido productor de crisis. En el Nuremberg electoral del 2023-25 contra el régimen económico de los últimos veinte años, el peronismo fue juzgado como el sinónimo político de la inflación y el caos. Ese sentido común de masas (y no tanto lo que haga Milei) es el factor sentimental que ordena la nueva política argentina”, señalan.

Las elecciones confirmaron el consenso social en favor de un orden macroeconómico ortodoxo para la Argentina Las elecciones confirmaron el consenso social en favor de un orden macroeconómico ortodoxo para la Argentina

Los resultados de la batalla emprendida por Milei y sus Fuerzas del Cielo contra la “cultura woke” tienen resultados dispares, pero en el terreno económico no le entran balas. Ha conseguido arraigar la repulsa al pecado del desequilibrio fiscal tan profundamente que todos los otros elementos de su identidad política y su gestión, sospechas de corrupción incluidas, le resultan a la sociedad intrascendentes.

Hay que ver la evolución del programa económico, el auxilio de los Estados Unidos lo salvó de una debacle en las vísperas electorales, pero ha convertido el “déficit cero” en la marca electoral más poderosa. La historia reciente del peronismo lo invalida para impugnarla.

Para Chiconi y Amondarain, “el rechazo social a la inflación implicó además un rechazo hacia todas las formas de gestión macroeconómica que la producían, y que en la práctica fueron la política económica que el peronismo todavía reivindica: el déficit fiscal, las tarifas subsidiadas, la emisión”.

“En ese sentido, la sociedad no solo penalizó el caos inflacionario final del gobierno de Alberto Fernandez-Cristina Kirchner-Massa sino el largo modelo económico que construyó las bases de ese caos”, opinan.

Los columnistas de “Panamá” entienden que “la elección del 26 de octubre de 2025 dejó en claro que el gran problema no es Milei sino las ideas económicas de la oposición en general y del peronismo en particular”.

“La sociedad priorizó castigar la falta de ambición renovadora de la oposición, y forzó una polarización entre una mayoría mileísta y una primera minoría kirchnerista que hiciese más evidente la contradicción principal de la política argentina actual: la defensa (o no) de un orden macroeconómico ortodoxo como principio institucional básico de la nueva democracia pos-2023. No hay renovación sin una adhesión a ese orden”, consideran.

Y concluyen: “Si en los ´80 el punto de partida de la renovación consistió en tramitar políticamente el ingreso del peronismo al consenso de la democracia, hoy el gran desafío renovador del peronismo pasa por su inserción en el consenso ortodoxo de la economía y la producción”.

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