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Los libertarios aprenden y se perfeccionan rápido

viernes, 13 de febrero de 2026 01:56

Con la incorporación de figuras más experimentadas, como Diego Santilli y Patricia Bullrich, el oficialismo libertario demuestra en esta segunda mitad de su mandato que aprende de sus errores y juega mucho mejor. Luego de más de 12 horas de debate y en medio de un clima de máxima tensión marcado por los disturbios y la represión en las afueras del Congreso, el Gobierno logró en la madrugada de ayer la media sanción del proyecto de reforma laboral. Con 42 votos a favor y 30 en contra, la votación representa un triunfo clave para el oficialismo tras la seguidilla de derrotas que la oposición le asestó a Javier Milei el año pasado. No es un dato menor, porque el Senado nacional era el recinto más hostil para el Gobierno y allí se impuso con esta iniciativa clave.

Los números sugieren una victoria fácil y cómoda, como si el Gobierno hubiera ganado caminando. Pero no lo fue. Lo que hizo fue negociar, ceder, manejarse con una estrategia que le dio los resultados que buscaba. Y lo hizo bien. Ya no se escucha a Milei decir que va a mear a los gobernadores como hacía apenas asumió: ahora dialoga, promete, ofrece y cumple. Toma y daca. De la misma forma se negoció con la CGT y con legisladores sueltos de convicciones flojas. Es cierto que después de la elección del año pasado cambió la composición de las cámaras, pero más significativo que la cuestión aritmética es otro factor: lo que los libertarios hacen ahora es política, rosca, eso que vino a suplantar la torpeza y la prepotencia inicial.

Al proyecto inicial, que supieron guardar casi sin filtraciones en la previa, le hicieron 30 modificaciones. Premeditadamente dejaron puntos para aflojar y conseguir lo que querían, así como evitaron la votación por capítulos que ya había generado tropiezos anteriormente.  El oficialismo pudo alcanzar la aprobación de ese modo: luego de negociar hasta último momento modificaciones al proyecto, terminó cediendo para que los gremios continúen con la facultad de recibir aportes solidarios por parte de los afiliados, una fortuna que amenazaban quitarle. También se modificó la composición del Fondo de Asistencia Laboral, una creación de Federico Sturzenegger que apunta a financiar las indemnizaciones con el 3% de los aportes patronales que van a la seguridad social. Recién pasada la medianoche, el oficialismo comenzó a distribuir la versión final del proyecto, una vez que Bullrich se aseguró que estaban todos los cambios necesarios para hacerse con una mayoría inexpungable. A excepción del peronismo y los dos santacruceños que responden al gobernador Claudio Vidal, todo el Senado acompañó la aprobación de la reforma. Que los trabajadores pierden con estos cambios parece innegable, pero si lo que se evalúa es cómo jugó el Gobierno, no queda otra que reconocer que hubo una master class. Si no se ordena pronto, al peronismo le espera un año que puede ser un calvario.

El Esquiú.com

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