miércoles, 25 de febrero de 2026 15:00
La casa de Gran Hermano Generación Dorada vivió uno de sus momentos más intensos cuando Jenny Mavinga decidió compartir su pasado. La participante nacida en el Congo y radicada en Argentina desde hace más de dos décadas decidió abrir su corazón frente a sus compañeros. Su testimonio estuvo marcado por el abandono, la violencia y la supervivencia en un contexto de extrema dificultad emocional durante su niñez.
Mavinga comenzó su relato explicando que proviene de una familia con muchos conflictos en el centro de África. La mujer recordó que «mi mamá murió cuando tenía 4 años» y que desde ese momento creció de casa en casa sin estabilidad. El punto de quiebre ocurrió a los siete años cuando fue secuestrada por su tía materna, sobre lo cual afirmó que «me maltrató como una hija de p…» hasta que logró escapar a los doce años.
La jugadora confesó ante el resto de los participantes que nunca conoció el amor familiar ni el afecto de sus padres biológicos. Al respecto, manifestó que «soy una persona que no sabe lo que es un amor familiar, un amor de padre, de madre». A pesar del dolor de esa carencia, explicó que su motor actual son sus hijas, a quienes intenta darles todo aquello que ella no pudo recibir durante su propia infancia.
A los quince años, la concursante decidió cambiar su destino y comenzó a trabajar como moza enfrentando situaciones de maltrato laboral. En ese entorno conoció a su primer marido, con quien decidió emigrar hacia Argentina cuando tenía diecisiete años para buscar un futuro mejor. Tras trece años de matrimonio y una posterior separación, logró establecerse en el país como una emprendedora y abrió su propia peluquería en la ciudad de La Plata.
Durante su intervención, Mavinga dejó en claro que su voluntad de lucha es inquebrantable a pesar de las cicatrices que dejó su pasado. La participante aseguró que «solo Dios puede ponerme fin» y que seguirá peleando por ser quien quiere ser mientras mantenga su salud física. Para ella, su paso por el reality no es solo un juego, sino una revancha personal y una oportunidad para demostrar que se puede salir adelante después de sufrir dolores profundos.
El cierre de su testimonio reveló el motivo económico concreto que la impulsó a ingresar al programa de televisión. Jenny explicó que construyó su vivienda pero que «no me alcanzó para hacer las piezas», por lo que actualmente utiliza el living como habitación provisoria. Con determinación, advirtió a sus compañeros que «disculpen, pero voy a ganar» con el objetivo de que sus hijas tengan su propio cuarto y un placard para sus pertenencias.
