La provincia pasó de más de 900 enlaces anuales a menos de 700 en solo dos años. Un informe oficial del Registro Civil revela un descenso sostenido de los matrimonios en Catamarca, con una caída mucho más pronunciada en el interior provincial. La crisis económica y el alto costo de las celebraciones aparecen como los principales factores detrás del fenómeno.
Según un informe del Departamento Demográfico del Registro Civil, elaborado por Marcos Coronel y Lucila Figueroa Soria, la cantidad de enlaces legales viene disminuyendo de manera constante desde la pospandemia y para el cierre de 2025 se espera el nivel más bajo del último trienio.
Los datos son los siguientes: 2023: se registraron 914 matrimonios en toda la provincia, con cifras equilibradas entre Capital (467) e interior (447).
2024: el total descendió a 793 enlaces, lo que marcó un punto de quiebre. Mientras la Capital logró sostenerse con 476 matrimonios, el interior cayó abruptamente a 317.
2025: con datos cerrados hasta noviembre, se contabilizan 674 matrimonios: 384 en Capital y 290 en el interior, confirmando la consolidación de la baja y sin esperar que en diciembre repunten los números.
En apenas dos años, la provincia perdió 240 casamientos anuales, lo que representa una caída superior al 25%.
El informe remarca que el descenso no es homogéneo. Mientras la Capital logra amortiguar la caída, el interior provincial muestra una retracción mucho más marcada, con menos uniones formales año tras año. Esta diferencia evidencia el impacto desigual de la situación económica en los distintos puntos del territorio.
Desde el Registro Civil interpretan que los números no son solo una estadística administrativa, sino un reflejo del contexto social y económico. El encarecimiento de la llamada industria de los eventos, sumado a la pérdida del poder adquisitivo, empuja a muchas parejas a postergar o directamente descartar la formalización legal del vínculo.
En definitiva, cuando el bolsillo ajusta, casarse deja de ser una prioridad. Y los datos oficiales confirman que, en Catamarca, el “sí, quiero” suena cada vez menos.
