sábado, 3 de enero de 2026 18:00
La vida después de Gran Hermano no siempre es un camino de rosas y Romina Uhrig lo dejó en claro con un testimonio tan crudo como revelador. Lejos de la imagen sonriente que supo mostrar en pantalla, la ex participante confesó que, una vez apagadas las cámaras, atravesó uno de los momentos más oscuros de su vida, marcado por el consumo de drogas y una profunda fragilidad emocional.
Hoy instalada en los medios y con un lugar ganado, Romina reconoció que el impacto de la fama fue mucho más fuerte de lo que imaginó. “Estuve en un momento mal de mi vida e hice cosas que claramente no estaban bien”, admitió en una charla para Se Picó, dejando al descubierto que el éxito no siempre viene acompañado de contención.
En ese mismo relato, la ex GH fue directa al describir su rutina de aquellos meses: “Esperaba los fines de semana para salir y al otro día estaba muy mal”. Detrás de la exposición y los eventos, se escondía una sensación de vacío que fue creciendo sin freno.
Más tarde, en diálogo con Infama, Uhrig profundizó sobre el origen de esa adicción. “Fue un momento de caída, de mucho dolor, también puedo decir que creo que el dolor me llevó a hacer cosas”, explicó. Allí apareció un factor clave, la distancia con sus hijas. “Cuando las nenas se iban con su papá yo no me podía quedar en mi casa, me tenía que ir porque me quedaba llorando muy mal”, confesó.
La presión mediática también jugó su parte. “Todo lo que se dijo de mí tuvo consecuencias muy graves, me hizo meterme en la noche”, aseguró. Y fue aún más contundente al señalar una influencia negativa del ambiente: “Fui muy frágil con una persona puntual del medio, que me convidó algo que me dio un momento de alegría, que no quería que se terminara más”.
Sin esquivar el tema, Romina habló del consumo sin eufemismos: “Empecé a consumir pastillas y no quería salir si no tenía eso”. Luego llegó la reflexión más dura: “Te llevaba a la felicidad, después te queda el vacío”. Ese vacío derivó en depresión y ataques de pánico, un combo que la obligó a pedir ayuda.
Según contó, el acompañamiento psiquiátrico fue clave para salir adelante y reconstruirse. Hoy, con otra mirada y más consciente, Uhrig transformó su experiencia en un mensaje de alerta. Su historia expone el otro lado de la fama y deja una enseñanza clara, sin un entorno sano y contención emocional, el éxito puede convertirse en una trampa peligrosa.
