Gran Hermano transita por un presente álgido, absolutamente convulsionado por una superposición de situaciones polémicas, que lo catapultan al ojo de la tormenta, al centro absoluto de todos los debates en la opinión pública por el tenor de las controversias.
El ciclo de Telefe vive una coyuntura altisonante por circunstancias que activaron los debates, como la actitud de Carmiña de herir a Mavinga con una serie de concepciones racistas y discriminatorias, que provocaron su inmediata expulsión.
En poco más de dos semanas, el reality generó una catarata de reacciones en el inconsciente colectivo, así como las redes sociales se inundan de comentarios por la dinámica de la casa, con ese hilo conductor de agresividad en los vínculos de los participantes.
Ahora, se acaba de hilvanar otro suceso que se direcciona en esa presunción generalizada de una manipulación atroz, hasta esas teorías que refieren a un guión maquiavélico de la producción para mover a los concursantes como marionetas y mantener el rating.
Suena a una casualidad demasiado llamativa. Resulta que durante la preparación del almuerzo, los cráneos de Gran Hermano prendieron la televisión del living de la casa y mostraron la placa de la última eliminación, así le entregaron en bandeja información calificada, como el porcentaje que obtuvo Nico para salir eyectado de la competencia.
