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La ciudad ausente, en el Colón: La música de Gerardo Gandini se escuchó con todo su potencial futurista

La ciudad ausente es un hito en el teatro lírico argentino, con música de Gerardo Gandini y libreto de Ricardo Piglia, su singular dramatismo en episodios tiene la virtud de eludir, dentro de un lenguaje contemporáneo, toda aspereza en la línea de canto en español.

La ópera se estrenó en el Colón en 1995, se repuso en 1997 y luego subió por última vez en 2011 en el Teatro Argentino de La Plata.

Después de doce años, con la curiosidad y el interés por esta ópera renovados, los beneficios de una nueva representación resultaron más que atractivos.

La ciudad ausente se programó como parte del Abono Contemporáneo del Colón, en el contexto Foco Gandini que homenajea al compositor a diez años de su muerte, y cerró la temporada.

Valentina Carrasco, a cargo de una puesta, le dio un nuevo vuelo al nivel teatral de ópera, que, en su no linealidad, con sus distintas cronologías superpuestas y saltos temporales, presenta no pocas dificultades.

La puesta en escena de Carrasco, con la económica pero muy efectiva escenografía de Carles Berga y la iluminación de Peter Van Praet, desarrolló un trabajo fantástico que dio continuidad y organicidad a la obra, donde sobrevoló la metafísica de Macedonio Fernández: ausencias que se hacen presencias.

Elena continúa irradiando su luminosidad en el infinito como las estrellas que murieron hace millones de años luz.

«La ciudad ausente», de Gerardo Gandini y Ricardo Piglia, con la soprano María Castillo de Lima. Foto: Prensa Teatro Colón/ Arnaldo Colombaroli

La ciudad que no está

La primera imagen no es de una ciudad, sino de una proyección del espacio interestelar, en sincronía con las figuraciones ornamentales del piano.

Luego, en la primera escena, mientras una única luz expresiva titila en la nada como una estrella, un astronauta recorre la superficie devastada, con apariencia de catástrofe climática. En esa atmosfera inquietante y expresiva, la voz de Elena -convertida en máquina de construir relatos para inmortalizar el amor de Macedonio- se lamenta cantando en el infinito.

Junior, una especie de investigador, comparte temporalidad con Fuyita y Ana. Establecen una suerte de presente en el que Junior descubre objetos que pertenecieron a la realidad de Macedonio y Elena. En el pasado están Macedonio, Russo y la invención de la máquina; en el futuro, la máquina que sigue funcionando.

Carrasco resuelve los saltos espacio-temporales con destreza usando el giro del disco escénico, lo que da organicidad y una continuidad dramática efectiva.

«La ciudad ausente» tuvo la dirección escénica de Valentina Carrasco y no defraudó las expectativas. Foto: Prensa teatro Colón/ Arnaldo Colombaroli

Dividida en tres partes

Las tres microóperas del primer acto se integran bien en el continuo general.

La tensión entre lo paródico y alienante de la microópera Lucía Joyce, con el médico y el sequito de enfermeras, fue uno de los momentos más logrados.

La magnífica interpretación de María Castillo De Lima, con una línea melódica de inspiración expresionista, fue estremecedora. La primera soprano trans profesional del mundo logró mantener la dureza e intensidad dramática aún en medio de la exigente escena en la que recibió baldazos de agua adentro de una bañadera.

También fue destacada la expresiva interpretación de Constanza Díaz Falú como La Mujer-Pájaro, de inspiración mozartiana.

En el segundo acto el cambio en el orden de las escenas en el laboratorio de Russo fue efectivo para favorecer la continuidad dramática. El vestuario de Luciana Gutman fue perfectamente funcional a la régie.

La ópera cerró como empezó, con la soledad de Elena y la voz-luz que se perpetúa para siempre. El enigma envuelve el final de Junior, tal vez cegado por la búsqueda de la verdad, muere por encandilamiento.

Junior, uno de los personajes de Junior, uno de los personajes de «La ciudad ausente», la ópera de Gerardo Gandini. Foto:Prensa teatro Colón/ Arnaldo ColombaroliOriana Favaro hizo una formidable Elena. En el reparto también se lucieron Alejandro Spies (Junior) con una excelente interpretación y Sebastián Sorarrain (Macedonio). A Gustavo Gilbert (Russo) y Mairin Rodriguez (Ana) les faltó proyección, por momentos también a Andrés Cofré (Fuyita) pero logró asentarse.

Las intervenciones de las seis sopranos aportaron expresividad en cada una de sus intervenciones, en especial el logrado efecto fuera de escena. Iván Maier (Estudiante), Sebastián Martínez (Doctor Jung), Verónica Cano (Enfermera), Mariano Bustinza (Hombre viejo) y Darío Leoncini (Ayudante) contribuyeron a la fluidez de las escenas.

Christian Baldini hizo un trabajo admirable, la orquesta bajo su dirección sonó plena y ajustada, y la belleza de la música de Gandini surgió con todo su potencial.

Ficha

La ciudad ausente

Calificación: Muy buena

Ópera en dos actos Autores: Gerardo Gandini (música) y Ricardo Piglia (libreto) Intérpretes: Orquesta Estable del Teatro Colón Director: Christian Baldini Dirección de escena: Valentina Carrasco Funciones: martes 5 y jueves 7 de diciembre, a las 20.

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