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Murió Lautaro Alvaredo, el joven de 19 años que había sido pateado en la cabeza a la salida de un boliche en Laferrere

Lautaro Alvaredo, el joven de 19 años que había recibido una brutal patada en la cabeza en medio de un ataque a la salida de un boliche en Laferrere el pasado domingo 5 de noviembre, murió este viernes producto del ataque criminal.

Por el caso hay dos sospechosos detenidos: Fabricio Román Stella (18) se entregó el jueves. Ian Noguera (19) hizo lo propio el sábado. Noguera, presunto autor de la patada en la cabeza fue indagado por el fiscal Matías Folino, pero se negó a declarar. En tanto Stella declaró que participó de una pelea en la que él también recibió golpes y que se defendió.

La causa fue caratulada como «homicidio agravado por alevosía», que tiene penas de prisión perpetua.

La pelea comenzó en el interior de Cyrux, un boliche ubicado en Luro y Pedro Obligado de Laferrere. Un amigo de Lautaro discutió con otro joven adentro del local porque le habían roto los anteojos y la disputa siguió afuera.

Según pudo verse en una cámara de seguridad que se difundió en las últimas horas, la pelea duró poco más de dos minutos. En un momento, Lautaro cae al suelo y recibe un golpe en la cabeza.

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Así fue el brutal ataque al chico de 19 años que terminó con muerte cerebral, a la salida de un boliche en Laferrere.

Desde aquel domingo, Lautaro fue internado en terapia intensiva con «muerte cerebral». Los médicos ya advertían que las expectativas de sobrevida eran «nulas», aunque los padres esperaban el milagro.

Quién era Lautaro: cuidaba a sus hermanos, amigazo de su viejo y fana de los autos

Lautaro Alvaredo (19) vivía con sus padres Diego y Tamara, y como hijo mayor cuidaba a sus cuatro hermanos. Era el hombre de la casa, tomaba las riendas y ayudaba a su mamá, que debía dedicarse a Máximo, de apenas cinco meses.

Había terminado el colegio y quería estudiar administración de empresas, pero debido a necesidades económicas familiares daba una mano «para llevar el mango a casa», dice Camila, su tía. «Trabajaba en un local de productos químicos y ayudaba a hacer el reparto, y los fines de semana se encargaba del sonido de los shows que su padre ofrecía en los bares de González Catán, donde vivían.

Le gustaba la música a Lautaro, y el cuarteto que practican Los Alvaredo, la banda de su papá Diego y sus tíos que tributa a Ulises Bueno, lo estimulaba. «Así empezó a acompañar al padre y les daba una mano con el sonido en cada recital que hacían. Empezó a colaborar tímidamente hasta que se convirtió en uno más del grupo, pero debajo del escenario».

Responsable, solidario, Lautaro no sólo no causaba inconvenientes, sino que «se caracterizaba por solucionar los problemas. Siempre estaba dispuesto. Un pibe sano, viste, casero, que resolvía como un adulto. Cuidaba a sus hermanos y los llevaba o pasaba a buscar cuando era necesario».

Hincha de Boca, futbolero de jugar más que de mirar, «Lauti» tenía fascinación por los autos. Le gustaba ir a exposiciones y estaba aprendiendo a manejar.

Tenía su grupo de amigos del colegio y del barrio. Muy querido Lautaro entre los suyos, aunque siempre les rechazaba la invitación a bailar. «No le gustaba ese ámbito, no era de disfrutar bailar, tampoco era de esos pibes que querían encarar a alguien… Era de otro ambiente, prefería tomar algo de día, a tomar cerveza de noche, por eso es increíble lo que pasó. Justo que aceptó ir, se encontó con este asesino».

DB

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